Levan Akin recurre al tabú de la homosexualidad para confrontar tradición y modernidad

Levan Akin, director de And Then We Danced, junto a sus dos protagonistas: Ana (izquierda) Javakishvili y Levan Gelbakhiani (derecha)

20/10/2019.- «La película en sí es sobre la juventud». Así ha definido Levan Akin, director de And Then We Danced, su tercer largometraje, la historia del bailarín de la Compañía de Nacional de Danza de Georgia que descubre su homosexualidad en un entorno en el que oficialmente no existe y extraoficialmente, solo si nadie se entera.

Para el realizador sueco, poner a dos chicos gays en mundo de la danza tradicional de Georgia supone el marco perfecto para contraponer la rigidez de las tradiciones con la apertura de los más jóvenes, el pensamiento soviético de los más mayores a la cultura más globalizada de las nuevas generaciones.

Pero la idea surgió, precisamente, desde el contexto. Akin, flanqueado en su comparecencia ante la prensa en la 64 Seminci por Ana Javakishvili (Mary, en el filme) y Levan Gelbakhiani (Merab, el protagonista), ha relatado que la dura opresión a un intento de desfile de Orgullo Gay en Georgia en 2013 fue la semilla del filme. «Vi la noticia desde Suecia, en la televisión. Los valientes que intentaron manifestarse sufrieron el ataque de personas organizadas por la Iglesia Ortodoxa. Yo no podía olvidar ese episodio, y en 2016 me fui a Georgia para investigar sobre ello», ha explicado.

Aquellas imágenes de 2013 se tradujeron en tres años de documentación que han servido para reflejar fielmente la forma de vida de Tiflis y para comprender hasta qué punto la homosexualidad es tabú. No solo la compañía de danza a la que recurrieron para obtener asesoramiento con las coreografías les rechazó sin contemplaciones («nos echaron del despacho cuando les contamos lo que queríamos hacer»), sino que alertó a otras compañías de las intenciones del equipo cinematográfico.

Levan Gelbakhiani ha ilustrado esas dificultades con otra de las anécdotas del rodaje: «Finalmente encontramos un bailarín que nos ayudó en este aspecto, pero pidió hacerlo de forma anónima; ni siquiera aparece en los créditos para no quedarse después sin trabajo».

Por lo tanto, y aunque se trata de un filme rodado en Georgia, el planteamiento es netamente sueco: «La perspectiva del extranjero aquí es importante. De hecho, si hubiera vivido en Georgia no habría podido hacer esta película. Ni siquiera habría encontrado medios para hacerla», ha explicado el realizador.

Actores (antes) no profesionales

De las dificultades del rodaje también saben los actores, Levan Gelbakhiani y Ana Javakishvili. Ambos son bailarines, pero provienen de la danza contemporánea. «La danza georgiana tiene unos giros mucho más bruscos y rápidos que lo que nosotros estamos acostumbrados a hacer, es otro tipo de danza. En el caso de los hombres, son bailes muy masculinos, así que el rodaje requirió una preparación intensa en este sentido», ha explicado Gelbakhiani.

Levan Akin encontró a ambos actores durante la fase de documentación. Nunca antes se habían puesto delante de una cámara. A su tocayo, a través de Instagram, cuando solo pensaba en alguien carismático, y después descubrió que era bailarín; a Ana Javakishvili, durante un proceso de audiciones. «Verla fue asombroso, y un gusto trabajar con ella. El día que tocaba rodar con Ana, ya sabía de antemano que iba a ser un día fácil», ha asegurado el director.

Y el sentimiento es recíproco: «La experiencia era un desafío, pero con la guía de Levan Akin ha sido mucho más fácil», ha afirmado la actriz. Respecto al Gelbakhiani, ha destacado del director la capacidad de hacer que incluso alguien tímido como él se integrara con los demás: «Tras tres años de trabajo y convivencia nos hemos convertido en una pequeña familia».

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