‘The County’, el reflejo de cómo se usa la ideología nacionalista para controlar a la gente

El director islandés Grímur Hákonarson y la protagonista de The County, Arndís Hrönn Egilsdóttir

El director islandés, galardonado en 2015 con la Espiga de Oro por El valle de los carneros, vuelve en su nueva cinta al medio rural que tan bien conoce

24/10/2019.- El cineasta islandés Grímur Hákonarson ha presentado este jueves en la Sección Oficial de la 64 Seminci su último trabajo, The County, que se ambienta en una pequeña comunidad de su país dominada por una cooperativa ganadera que, según ha explicado, es un reflejo del mundo y del modo en que el miedo y el poder se usan, revestidos de una ideología nacionalista, para controlar a la gente.

Hákonarson ha tomado como referencia esa comunidad real, conocida en su país como la «Sicilia islandesa», en la que se mantiene activa la única cooperativa de las muchas que desde el siglo XIX se crearon en el país y que desaparecieron en la década de los 90 como consecuencia de la bancarrota.

«La comunidad es pequeña y la cooperativa acapara gran parte de los negocios, el Gobierno local… es como una represión económica e incluso espiritual la que ejerce sobre los lugareños», ha destacado el cineasta, quien atribuye el problema de corrupción y poder que plantea en la película al hecho de que los ganaderos hayan cedido la gestión de la organización a personas ajenas que terminan concibiéndola como su propio negocio.

En su opinión, tanto el lugar como la temática que plantea en su largometraje son un reflejo del mundo ya que el ejemplo de esa comunidad puede encontrarse a escala mayor en otras muchas zonas de Europa. «Es una comunidad autocrática donde el director quiere mantener el control de todo y usa el miedo, usa esa ideología nacionalista, para controlar a la gente de la zona», ha precisado Hákonarson.

De documental a ficción

El primer proyecto de lo que hoy es The County era un documental nacido de una larga labor de documentación sobre el tema y el papel que la cooperación desempeñaba en la zona y la «represión» que ejercía sobre los granjeros. Cuando el director se desplazó hasta el lugar, se encontró con que nadie quería hablar con él, de modo que optó por plasmar la historia en un trabajo de ficción.

Esta cinta mantiene similitudes en la ambientación con El valle de los carneros, dado que para Hákonarson el medio rural es parte de su herencia: sus padres eran granjeros y él mismo dedicaba los veranos a trabajar en granjas, de modo que pese a ser de ciudad, tiene conocimiento y experiencia sobre el terreno que pisa. Pero a pesar de apostar de nuevo por el escenario rural, el director ha aclarado que la cinta con la que ganó en 2015 se centra en una figura más «romántica, histórica y antigua» del granjero mientras que The County es más moderna y se acerca más tanto en la mujer como a las relaciones existentes en la comunidad, no en el seno de la familia.

 «Me empoderó como actriz»

Por su parte, la protagonista de la cinta, Arndís Hrönn Egilsdóttir, ha recordado cómo fue su experiencia tanto en el rodaje como a la hora de preparar el personaje, ya que hasta la llegada de The County a su carrera, nunca había mantenido contacto con el medio rural ni le gustaban los animales, lo que le obligó a hacer un doble trabajo para encontrar a la granjera que había dentro de ella.

Para poder encontrar las claves que le permitieran dar vida a Inga, se fue a vivir una semana a una granja con una mujer con la que aprendió a trabajar en aquel escenario hasta darse cuenta de que realmente contaba con las herramientas necesarias para ser granjera. «A través del trabajo físico aprendí para el papel, pero también tuve que recorrer el camino de tristeza del personaje, que es el que despierta la valentía en ella para enfrentarse al sistema».

Pese a lo difícil que resultó la experiencia, tanto por la dureza de las condiciones físicas a las que le obligaba el rodaje como por el hecho de vivir durante dos meses sola, sin su familia, en una casa junto al mar en pleno invierno, Arndís Hrönn Egilsdóttir habla ahora con satisfacción de aquellas semanas: «me encantó».

Tanto es así que ha confesado que las horas de trabajo físico, la actividad con los animales o el peso del propio uniforme le han ayudado a empoderarse como actriz. «La experiencia me cambió la vida», ha concluido.

 

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