Samir Ljuma, de ‘Honeyland’, reclama: «tenemos que dejar algo a las generaciones futuras»

Samir Ljuma, director de fotografía

24/10/2019.- En la sección Cine y Cambio Climático, el día 24 de octubre, se han proyectado el cortometraje Scenes from a Dry City, de François Verster y Simon Wood y el largometraje Honeyland, de Ljubo Stefanov y Tamara Kotevska. Este último trata de la vida de una mujer, que vive en una aldea abandonada de Macedonia y que se dedica a cuidar a las abejas y recolectar miel.

Su director de fotografía, Samir Ljuma, ha estado en Valladolid para hablar sobre la película y ha manifestado que «es un mensaje clarísimo de que tenemos que dejar algo de lo que hay para las generaciones futuras».

La idea surgió cuando estaban trabajando en otro proyecto de concienciación medioambiental. Una de las áreas que trataban era la conservación de las abejas, pero «tal y como estaba planteado no era muy atractivo» ha comentado el director. Cuando les hablaron de unas familias que se dedicaban a la apicultura en una parte de Macedonia, les despertó el interés y fueron a grabar a esa zona. Al día siguiente Hatidze, la protagonista de esta historia, les encontró a ellos.

El equipo, formado la gran parte del tiempo por cuatro personas, estuvo grabando durante tres años y consiguieron alrededor de 400 horas de material. Samir ha explicado que el mayor impedimento era que solo podían «estar máximo cuatro días por cada grabación porque en esa aldea no hay electricidad, ni luz, ni agua corriente…» por lo que no había forma de recargar las cámaras ni de pasar los archivos.

Además, no entendían el idioma turco. Casi seis meses después de empezar a editar recibieron la traducción de los diálogos. Estuvieron seis meses editando sólo de forma visual, sin saber lo que estaban diciendo.

Samir Ljuma ha asegurado que «todo lo que se ha grabado es absolutamente real, no hay nada de ficción». De hecho, no se permitieron intervenir o interferir en la historia por muy duras y desgraciadas que fueran algunas de las situaciones que ocurrían. Eran simples observadores y pensaron que era mejor dejar que las cosas simplemente sucedieran.

«Ahora que la película se ha hecho conocida, hemos creado una especie de cooperativa, crowdfunding, donde la gente hace aportaciones y nosotros a cambio les enviamos un tarrito de miel», ha declarado el director de fotografía, quien ha traído uno de esos tarritos para que los espectadores pudieran probar la miel del documental.

Con el dinero que han recaudado hasta ahora han comprado una casa para la protagonista. Samir ha dicho que «no es una casa lujosa pero, por lo menos, tiene electricidad y agua caliente» y que poco a poco la están renovando. También están ayudando a la otra familia protagonista con la escolarización de los niños.

Además, esa cooperativa está haciendo campamentos de verano para niños que van a pasar unos días a la aldea. Allí Hatidze les enseña su trabajo y se les empieza a concienciar sobre la necesidad de cuidar el entorno.

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