Carta de Antonio Saura para Antonio Hernández en su homenaje

Antonio Hernández, Espiga de Honor.

«Que a alguien le homenaje en su tierra (o cercanías, porque Antonio es de Salamanca y no se vaya ofender nadie por situar su nacimiento en tierra extraña), es de buena gente.

Así que cuando el festival de Valladolid y subdirector, mi querido Javier Angulo, me comunicó que le hacían este homenaje a Antonio Hernández, me alegré por él y por el festival. E inmediatamente lamenté haber aceptado estar en Ecuador en otros menesteres que no podía cancelar y no estar en Valladolid, no solo por el homenaje, sino para ver películas buenas, que de eso hay mucho aquí.

Bueno, empecemos…

Querido Antonio,

de mi trabajo en tres películas como productor tuyo siempre he valorado tu talento para la creación de historias, tu espíritu aventurero y a veces gamberro, y tu continua obsesión por buscar siempre el más difícil todavía.

En El gran marciano, conseguiste que un empeño/encargo imposible se convirtiera en una de las películas más divertidas del año y una joya que merecería ser revisada en las escuelas de cine…

Y de Oculto, pues… ¡que te voy a decir! Que finalmente consiguieras que nadie entendiéramos nada, pero, eso sí, ¡brillantemente!

Pero, bromas aparte, lo que aprecio, felicito y me alegra del tiempo que pasamos juntos hablando, debatiendo y discutiendo de cine, es el inmenso regalo que me hiciste escribiendo y dirigiendo En la ciudad sin límites.

Porque me permitió trabajar con un amigo coproductor como José Nolla.

Porque aparte de desarrollar una historia hermosa sobre el amor en la familia, sobre el presente el pasado, recuperar la amistad con mi siempre admirado Enrique Brasó, con el coescribiste ese bello guion.

Porque escuchaste y aceptaste mi recomendación de que Geraldine Chaplin interpretara el papel de la malvada madre. Que no es como la conozco yo, por supuesto, porque, en mi caso, madre no hay más que dos.

Porque convenciste a Geraldine de llevar su personaje a extremos que la dieron el Goya a la mejor actriz, Goya que ella valora como pocos premios de los muchos que recibido.

Porque le diste a Fernando Fernán Gómez el gran papel del final de su vida, con momentos de lucimiento cuando ya estaba enfermo y extrajiste de su genial hacer, el mejor retrato posible de la indefensión y el pánico de la locura.

Y porque conseguiste que nadie notara que buscaste y encontraste un doble inspirado para que no se cansara con planos donde no era necesaria su presencia.

Le diste a Leonardo Sbaraglia su primer gran papel en España e hizo que nos encandiláramos de él.

Te rodeaste de un elenco genial, con mis queridas Adriana Ozores y Ana Fernández; la fantástica Leticia Brédice: los estupendos Roberto Álvarez y Álex Casanovas; y recuperaste a Alfredo Alcón para el cine español con una secuencia breve y genial; etc. No es cosa de nombrar a todas las actrices y actores que tan bien dirigiste.

Antonio, no sé si sabías que he llevado esta película conmigo por todo el mundo, que le he mostrado en foros y cursos que he dado en universidades en Estados Unidos, en escuelas de cine en Polonia, en Israel, y en algunos sitios más que sería premioso detallar.

La he editado siempre como un gran ejemplo del buen cine que se hace, a veces, en España.

De cómo se pueden contar tantas cosas en una sola película, de manera tan sucinta y poderosa como están tratadas en En la ciudad sin límites.

Y es que, en esta película demuestras que se puede hablar de la recuperación de la memoria en España, de la fractura familiar, del dolor del olvido, de los amores prohibidos, de la represión de la homosexualidad y de tantos temas fascinantes que están ahí contenidos, tan bien contados, sin pretenciosidad, con la normalidad de quien va descubriendo las capas de una cebolla, y descubre que dentro hay todavía más…

Y lo haces de manera que te entretiene y fascina, porque de la mano de una buena escritura y mejor dirección, se puede reflexionar sobre la vida, sobre nuestra siempre intensa historia como país. Y además divertirte, llorar un poco y gozar con las buenas interpretaciones.

Así que, querido Antonio, tocayo, mil gracias por el regalo de esta que es, para mí, una de las grandes películas del cine español. Y muchas felicidades por este homenaje».

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