Pan Nalin, del niño humilde autodidacta obsesionado por atrapar la luz al realizador que homenajea al cine

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The windshield wiper, cortometraje de animación de Alberto Mielgo, y Last film show, el quinto largometraje de ficción de Pan Nalin, han sido los filmes encargados de abrir el fuego de las películas a competición en la Sección Oficial de la 66ª Seminci, en emisión abierta a través del Canal Seminci.

Como ya es tradición en el festival, turno de palabra inicial para el cortometrajista, que ha enfrentado su segundo trabajo tras los 3 Emmys que recibió por su primer trabajo, Love, Death & Robots. Director, guionista y animador de su filme, no se plantea la imagen real para sus trabajos: «La animación tiene todas las artes que puedas imaginar encerradas en una película», asegura.

Otra cuestión es la posibilidad de pasar al largometraje, una perspectiva que ve con buenos ojos, aunque ha señalado sus dificultades: «El cortometraje a nival comercial hoy día a las plataformas les interesa, pero a la gente le gusta más el contenido largo. Pero la animación cuesta mucho dinero. Con el presupuesto de un largometraje de animación haces otras dos películas».

Los escollos para encontrar financiación se acrecientan cuando el director, como es su caso, no busca explícitamente hacer películas comerciales, sino animación para público adulto: «Son películas que no necesariamente tienen una compensación económica de vuelta inmediata; es decir, no son mascotitas que hablan y ese tipo de cosas”.

En cuanto al título de su filme, encierra la búsqueda del significado de la palabra amor. “Cada experiencia que uno tiene del amor es totalmente diferente, aunque lleve ese título común de amor. El limpiaparabrisas hace alusión a ese patrón de gotas que caen en la ventana. Cuando el parabrisas pasa, las gotas que caen a continuación vuelven a mostrar un patrón de lluvia totalmente diferente. Creo que lo mismo ocurre con las relaciones: a todas las seguimos llamando amor, aunque el patrón es distinto».

Pan Nalin y su oda al cine

Aunque en otro sentido, en su largometraje Pan Nalin también ha sufrido los límites de los presupuestos a la hora de enfrentar una película. Last film show es una auténtica oda al cine y, como tal, su primera intención fue rodar en 35 milímetros.

«Empezamos a hacerlo con Kodak -explicaba-, pero es un material carísimo. Sobre todo, procesarlo en los laboratorios de Londres, así que vimos que no nos iba a llegar el presupuesto. Se lo contamos a los productores y se molestaron bastante. ‘Quiénes pensáis que sois, ¿Tarantino?’, nos dijeron”». Así que llegó a una solución de compromiso con su director de fotografía, de modo que utilizaron para el rodaje lentes LOMO que luego adaptaron al formato digital.

El cariñoso trato al filme está relacionado con un proceso de gestación que alude directamente a su vida personal. Nalin también fue un niño humilde del oeste de la India que, como su protagonista, descubrió el cine a la edad de 9 años y se obsesionó. “En la primera parte de mi formación fui autodidacta, fue un viaje muy largo porque no pude ir a una escuela de cine ya que mi familia era humilde. Empecé con material de segunda mano, poco a poco”, ha explicado.

El golpe de frustración importante llegó hacia 2010 o 2011, cuando las amplias salas tradicionales comenzaron a convertirse en salas múltiples: «Se me partió el corazón, pero también quería participar en el futuro, y de esa tensión surgió la película». Otro golpe, revisado convenientemente para la trama de la película, fue el revés sufrido por un amigo cineasta: «Se quedó sin trabajo y todo el material que tenía se convirtió en adornos, brazaletes y cucharillas fundidas, así que en este reciclaje yo vi un poco el paso al futuro, tal como muestra la película».

Los avatares de Samay son, en buena, parte, los suyos propios. Para encontrar a su intérprete, Bhavin Rabari, entrevistaron a tres mil niños. Los de las grandes ciudades, por donde comenzaron, no respondían a las expectativas, por lo que director de casting y realizador decidieron desplazarse a partes más remotas de la India, «donde los niños no habían visto una una película».

Y encontraron al pastor de búfalos y cabras que se ha revelado como el gran protagonista del filme, que apenas había visto películas hasta entonces: «Tuvimos que hacer un taller que se titulaba ´Cómo no actuar como en Bollywood’, porque en la India cuando hablas de interpretar todo el mundo mira a Bollywood».

El resultado; ese sentido homenaje en el que incluso al final se hace mención explícita de algunos de sus directores, aunque los guiños están presentes durante todo el filme. Como ejemplo, un botón: «Esa imagen en la que el niño mira el destello de una cerilla ya aparece en Lawrence de Arabia, de David Lean, y yo mismo de niño solía mirar la llama de los fósforos buscando la manera de atrapar esa luz. Mi relación con estos directores fue muy inocente en el aspecto intelectual, pero esas cosas que mostraban yo ya las había experimentado en algún momento de mi vida, formaban parte de mí, y fui incapaz de no dedicarles un momento en la película».

Last Film Show y The Windshield Wiper se proyectan en los teatros Carrión y Calderón hoy a las 22.00 horas, y mañana lunes 25 de octubre a las 16.30 en los cines Broadway.

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